domingo, 12 de septiembre de 2021

La isla de los Crágnaz



La isla de los Crágnaz


Nunca el dios Zar había permitido que volviéramos de la muerte. Todo tenía un orden y este tenía que respetarse. Nadie debía estar en ambos mundos. Pero los Crágnaz se rebelaron contra el dios Zar y comenzaron a devolver la vida sin permiso divino. Nadie creía que fuera posible. Los rumores parecían simples mitos o leyendas. Solo cuando vimos al primer Crágnaz resucitar a un sabio anciano, a un niño y a una mujer, comenzamos a creer en ellos.

Al principio, cuando fui resucitado, surgió un problema: evadir a los guardianes, deidades enviadas por el dios zar. Un sabio se adentró al bosque y volvió con un extracto desconocido y lo roció en los cuerpos de los resucitados. Solo así pudimos quitarnos ese olor que dejaba la muerte, imperceptible ante los hombres, pero detectable para el olfato de los guardianes y resucitados.

Después fuimos perseguidos hasta el cansancio. Solo gracias a la protección de los Crágnaz pudimos escapar de las garras de los guardianes. No sabíamos si eran los Crágnaz o los guardianes los más salvajes. Lo que sí sabíamos era que, después de una pelea así, cuando íbamos a mirar, solo encontrábamos a un Crágnaz y a un guardián muriéndose lentamente. A pesar de que ambas criaturas eran enemigas, optábamos por enterrar el cuerpo de ambas deidades.

Al final, los enfrentamientos entre Crágnaz y guardianes fueron numerosos e inútiles. Los guardianes no lograban atraparnos, ni lograban acabar con los Crágnaz. La voluntad de los Crágnaz parecía gobernar sobre la del dios zar. Esta herejía resultaba reprobable y el dios zar no podía permitir ni una muerte más de los guardianes.

Por eso el dios zar tuvo que pisar nuestra isla para imponer su poder. Lo vimos salir desnudo del mar, mecido por una brisa que parecía rodear solo a su cuerpo. Mientras caminaba, admiró la belleza de nuestra isla. De alguna forma, el dios zar percibió en el aire el hedor a muerte. Solo siguió el rastro para encontrar el cementerio de Crágnaz y guardianes.

Cuando vimos al dios zar tocar la tierra del cementerio, creímos que Crágnaz y guardianes se levantarían de entre los muertos. Pero el dios zar salió de ahí sin que nada ocurriera. Los guardianes que rondaban la isla no pudieron hacer más que huir temerosos. No los castigó, solo los dejó ir. Resignados, solo esperábamos nuestro fin. Pero los Crágnaz estaban preparados para enfrentar al dios zar y se abalanzaron, furiosos, sobre él. Era increíble lo que estaba pasando: el dios zar se moría irremediablemente.

Levantamos el cuerpo y lo sepultamos junto a los Crágnaz y guardianes caídos. El cementerio recibió a su último muerto, a su último rehén de los siglos. El hedor a muerte desapareció por completo y el gobierno de los Crágnaz se levantaba, y ahora solo percibimos la brisa eterna de la inmortalidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Jignis

  Fuente Vi al jignis acercarse a nuestro pueblo, por eso avisé a todos para recibirlo. Eran un regalo de los dioses, nuestros aliados, cu...